By: Balu Cifuentes
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En mi transitar por el mundo de la Consultoría de Imagen, me he dado cuenta que algunas personas que tienen interés en este tema tienden a centrar su atención en lo concerniente a la colorimetría, y lo hacen de una manera peligrosamente superficial; pareciera que su principal objetivo es definir la paleta de color de quien están acompañando en el proceso y, con ello, limitarse a establecer los colores permitidos y los prohibidos.
Infiero que tenemos claro que asesorar en temas de imagen personal va más allá de una serie de diagnósticos y de la imposición de unas reglas, aún así, resulta conveniente dedicar un espacio para reflexionar en torno al análisis del color y de la forma en función de la imagen.
EL COLOR
En asuntos de imagen personal, la colorimetría es muy importante. ¡No es lo único importante! El color no se puede definir como una isla independiente, es decir, que para sacar el mayor provecho a los colores conviene analizarlos como parte de un todo.
Los colores poseen significado social, de ahí que ya tengamos un punto de partida en lo que a dress code se refiere. Por otro lado, el color es un recurso eficaz a la hora de armonizar y según el uso que se le de: suma luminosidad, genera opacidad, atenúa líneas y acentúa contrastes. En sí el color oculta o resalta, alivia o agota, enriquece o empobrece.
LA FORMA
La función de las formas es enmarcar y en este sentido aportan estructura y definición. Usar formas inadecuadas es un tiquete directo en dirección a la distorsión de la figura, ya que cada persona posee una inclinación hacia una forma particular, que, a su vez, guarda una relación estrecha con su personalidad.
En materia de imagen personal, las formas se pueden reconocer en distintos elementos:
Los cortes: rectos, oblicuos o curvos.
Las texturas: lisas, rugosas, fluidas o rígidas y
La postura corporal: erguida, encogida/inclinada, tensa o relajada.
¿Cómo podemos aplicar estos dos elementos en la imagen personal? Si bien es cierto lo que dicta una reconocida regla matemática en relación a que el orden de los factores no altera producto, en este contexto y, según el caso, conviene empezar por una negociación, en otras palabras, partimos de lo que se tiene, de lo que gusta y de lo que se quiere; por ejemplo, si se trata de una persona que tiende a permanecer encorvada, que tiene preferencia por las texturas rugosas y pesadas y, al mismo tiempo, quiere verse más estilizada; entonces, vamos a darle sí o sí protagonismo a los colores que más la armonizan, de esta manera, aportamos luminosidad, aliviamos rasgos y enriquecemos la figura, tres elementos que abren el camino en pro de trabajar las formas. ¿Se entiende?
Recordemos que ocuparse de la imagen personal es un proceso dinámico y singular, que implica desarrollar la capacidad de observación, a través de ella, fortalecer el autoconocimiento y de manera consensuada ir superando etapas.
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